Derecha
Fecundidad · Acción · Iniciativa · Duración de los días · Lo desconocido · Clandestino · Dificultad · Duda · Ignorancia
Invertida
Luz · Verdad · El desenredo de asuntos complicados. · Regocijos públicos · Vacilación
Una figura imponente está sentada, ataviada con ricas vestiduras y con un aspecto regio, como si fuera hija del cielo y de la tierra. Su diadema está compuesta por doce estrellas, reunidas en un radiante grupo. El símbolo de Venus aparece en el escudo que descansa cerca.
Ante ella, un campo de maíz madura, y en el fondo, fluye una cascada. El cetro que sostiene está coronado con el globo de este mundo. Ella representa el Jardín del Edén inferior, el Paraíso Terrenal, todo lo simbolizado por la casa visible del hombre.
Ella no es Regina Coeli, pero sigue siendo el refugium peccatorum, la madre fructífera de miles. En ciertos aspectos, también ha sido descrita correctamente como el deseo y las alas de este, como la mujer vestida de sol, como Gloria Mundi y como el velo del Sanctum Sanctorum.
Sin embargo, ella no es, al menos en el cálculo habitual, el alma que ha alcanzado las alas, a menos que todo el simbolismo se interprete de una manera rara y poco convencional. Por encima de todo, ella representa la fecundidad universal y el sentido externo de la Palabra.
Esto es evidente, ya que no hay un mensaje directo dado al hombre como el que lleva la mujer; sin embargo, ella misma no lleva su interpretación.
En otro orden de ideas, la carta de la Emperatriz significa la puerta a través de la cual se obtiene la entrada a esta vida, al Jardín de Venus. El camino que conduce hacia afuera, hacia lo que hay más allá, es el secreto conocido por la Suma Sacerdotisa, y es ella quien lo comunica a los elegidos.
La mayoría de las atribuciones tradicionales de esta carta han sido simbólicamente incorrectas, por ejemplo, su asociación con la Palabra, la Naturaleza Divina, la Tríada y conceptos similares.